La CNTE cancela la reforma educativa y además reta al presídete de la República; en Puebla, los morenistas hacen un cochinero del proceso electoral, en el que más que políticos parecen gángsters dispuestos a todo, incluido el asesinato, y en el gabinete federal, cada quien dice y hace lo que se le antoja.
Dirán la misa matutina, pero debería tenerlos más que preocupados, porque resulta que empieza a desmoronárseles muy pronto el castillo que dijeron estaría blindado, fuertemente custodiado contra la corrupción, la impunidad, las complicidades y las traiciones. ¡Uy! El castillo de la cuarta transformación era de arena, un espejismo.
Para colmo, la violencia y los asesinatos siguen a la alza; las perspectivas económicas no son nada buenas, sin crecimiento en los próximos dos años, por lo menos, y la gente empieza a desencantarse: ya se acabaron las campañas y ahora quiere resultados de gobierno.
Por esto último (violencia y estancamiento económico) que no van a poder resolver al corto plazo, más debería preocupar en Palacio Nacional (¿hay Secretaría de Gobierno en la cuarta transformación?) el papelón que les está haciendo pasar la CNTE; la corrupción y criminalidad partidista que se engolosina en Puebla, y la falta de coordinación en el gabinete, cuyos integrantes -como si no tuvieran nada más importante qué hacer- ahora juegan al fuego interno, al fuego amigo.
No es asunto menor. Hay pesos pesados de la intriga y la traición en la cúpula del morenismo gobernante.
Así es: poco están dejando ya para presumir. La corrupción, la impunidad, la traición, la complicidad y el vulgar reparto del poder público no han sufrido mella. Es lo mismo de siempre, con la pena. Ojalá no sea peor.
¡Uy! El castillo de la cuarta transformación era de arena; un espejismo.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







