Lo podemos adelantar, afirmar: no hay plan B; y si la decisión se tomara esta semana, estaríamos informando de la cancelación de las Zonas Económicas Especiales (ZEE).
Así están las cosas. De poco servirá que el mismísimo presidente de la República reciba a los empresarios para defender el proyecto o buscar alternativas de aliento a la inversión a gran escala. Hoy por hoy, no van las ZEE.
¿Se acuerdan de las obras ya en marcha del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM)? Pues más o menos así nos describen el futuro de las ZEE, nomás que en esta ocasión no habrá consultas ciudadanas. No lo ven necesario en Palacio Nacional.
No lo han formalizado, pero llegado el momento ya está lista la argumentación. Sí, de entrada, son económicos y financieros: no hay dinero que alcance para todo -menos cuando ya se preparan nuevos recortes para el segundo semestre del año- y hay que darle prioridad a los proyectos presidenciales… entre los que no están -lo hemos dicho y vuelto a decir- las ZEE.
Pero si no basta, viene la batería pesada: las Zonas Económicas Especiales no fueron proyectadas con una visión social, para beneficio del pueblo; son proyectos entreguistas… neoliberales, conservadores, fifís. Y bueno, ya se sabe.
¿Puede haber un cambio en la línea presidencial ya trazada por la Secretaría de Hacienda? Por el lado de los empresarios, nos dicen, no será suficiente la presión.
La defensa de las ZEE debe subir de escalón: la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago) es donde se espera se forme el escudo. No hay más. Y vamos a esperar que realmente se forme el bloque de mandatarios estatales que se requiere.
No hay de otra. Porque no hay plan B y la decisión apunta a ya haber sido tomada. Eufemismo puro eso de que está en análisis.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







