Este martes, rodeado por reporteras y reporteros que lo entrevistaban y con los que bromeaba, el coordinador de los diputados de Morena en el Congreso local, Fermín Bernabé Bahena, dejó ver algo del filo de su misoginia: “las mujercitas -dijo- no deben abortar nomás porque quieren”. Por ahí no va, decía el flamante legislador, mientras trataba de abundar en su postura sobre el tema de la despenalización del aborto.
Horas más tarde se conocería que, al menos en dos ocasiones (2009 y 2016), el diputado fue acusado por violencia familiar y lesiones agravadas en contra de dos distintas mujeres, las mismas que lo denunciaron.
Así quedaron registrados los trazos de la figura del diputado de Morena, que saltó al escenario público estatal cuando el grupo parlamentario de ese partido decidió, hace apenas dos semanas, cambiar coordinador y designar -para sorpresa de muchos- a Bernabé Bahena en relevo de Alfredo Ramírez Bedolla.
La pregunta ahora debe plantearse: ¿es este el perfil idóneo para encabezar al grupo de legisladores del partido que se autoproclama de la cuarta transformación nacional? ¿Son estos los perfiles que han de convencer a las mexicanas y los mexicanos de que Morena representa algo distinto al resto de los partidos?
Son planteamientos que deben hacerse en el interior del morenismo. Y es importante que lo hagan ahora, si de verdad tienen intención de blindar su instituto político y sacudirse de las “sabandijas” que los han infiltrado, como reconoció su dirigente nacional Yeidckol Polevnsky.
Doble obligación tienen los morenos, que ondean la bandera anticorrupción como suya, pues resulta a todas luces corrupto, inmoral y poco ético llevar al Poder Legislativo, que es la máxima tribuna de la representación popular, a personajes cuyos antecedentes los descalifican precisamente para el cargo.
Para colmo, cobran; y cobran muy bien.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







