Morelia, Michoacán
Se comparte a continuación el mensaje íntegro de la Arquidiócesis de Morelia:
¡Feliz año 2019! A todos les deseo que el Niño Jesús, llene su corazón de alegría, de amor y de paz.
Al inicio de este Año Nuevo, los invito a tener el propósito de vivir comprometidos en la construcción de la paz, a crear un ambiente de armonía y unidad que nos permita alcanzar juntos la paz tan anhelada.
Que en este Año 2019, Jesús nacido en Belén, nos ayude a “Anunciar la alegría del Evangelio, buscando llegar a las periferias con misericordia y sentido profético, para contribuir a la construcción de un México más justo, reconciliado y en paz.”
Los invito atender el llamado que nos hace el papa Francisco en su Mensaje de la Jornada Mundial de la Paz 2019. El Papa nos llama a esperar la paz en medio de las tragedias y la violencia de la historia humana. Jesús desea la paz a cada familia, a cada comunidad, a cada país. Ha puesto como tema
de la Jornada «La buena política está al servicio de la paz».
La política es un vehículo fundamental para edificar la ciudadanía y la actividad del hombre, pero cuando aquellos que se dedican a ella no la viven como un servicio a la comunidad humana, puede convertirse en un
instrumento de opresión, marginación e incluso de destrucción.
En efecto, la función y la responsabilidad política constituyen un desafío permanente para todos los que reciben el mandato de servir a su país, de proteger a cuantos viven en él y de trabajar a fin de crear las condiciones para un futuro digno y justo. La política, si se lleva a cabo en el respeto fundamental de la vida, la libertad y la dignidad de las personas, puede convertirse verdaderamente en una forma eminente de la caridad.
El compromiso por el bien común, cuando está inspirado por la caridad, tiene una valencia superior al compromiso meramente secular y político. La acción del hombre sobre la tierra, cuando está inspirada y sustentada por la caridad, contribuye a la edificación de esa ciudad de Dios universal hacia la cual avanza la historia de la familia humana.
En la política, desgraciadamente, junto a las virtudes no faltan los vicios, debidos tanto a la ineptitud personal como a distorsiones en el ambiente y en las instituciones. Es evidente para todos que los vicios de la vida política restan credibilidad a los sistemas en los que ella se ejercita, así como a la autoridad, a las decisiones y a las acciones de las personas que se dedican a ella.
Estos vicios, que socavan el ideal de una democracia auténtica, son la vergüenza de la vida pública y ponen en peligro la paz social: la corrupción —en sus múltiples formas de apropiación indebida de bienes públicos o de aprovechamiento de las personas—, la negación del derecho, el incumplimiento de las normas comunitarias, el enriquecimiento ilegal, la justificación del poder mediante la fuerza o con el pretexto arbitrario de la “razón de Estado”, la tendencia a perpetuarse en el poder, la xenofobia y el racismo….
Hoy más que nunca, nuestras sociedades necesitan que todos «Seamos artesanos de paz» que podamos ser auténticos mensajeros y testigos de Dios Padre que quiere el bien y la felicidad de la familia humana.
La Iglesia proclama «el Evangelio de la Paz» y por ello debe estar abierta a la colaboración con todas las autoridades para cuidar este bien universal tan grande. Es hora de diseñar una cultura que privilegie el diálogo como forma de encuentro, la búsqueda de consensos y acuerdos, pero sin separarla de la preocupación por una sociedad justa, armoniosa y sin exclusiones, apegada a la verdad y al bien de las personas.
Urge una cultura del diálogo social para alcanzar un acuerdo para establecer un pacto social y cultural. Ciertamente al Estado compete el cuidado y la promoción del bien común de la sociedad.
Sobre la base de los principios de subsidiaridad y solidaridad, y con un gran esfuerzo de diálogo político y creación de consensos, desempeña un papel fundamental, que no puede ser delegado, en la búsqueda del desarrollo integral de todos (EG 238-240).
Pero la paz nos toca a todos, cada uno puede aportar su propia piedra para la construcción de la paz. La auténtica vida política, fundada en el derecho y en un diálogo leal entre los protagonistas, se renueva con la convicción de que cada mujer, cada hombre y cada generación encierran en sí mismos una promesa que puede liberar nuevas energías relacionales, intelectuales,
culturales y espirituales.
Junto con el Papa Francisco, los obispos de la provincia de Morelia expresamos que la paz, en efecto, es fruto de un gran proyecto político que se funda en la responsabilidad recíproca y la interdependencia de los seres humanos, pero es también un desafío que exige ser acogido día tras
día.
La paz es una conversión del corazón y del alma, y es fácil reconocer tres dimensiones inseparables de esta paz interior y comunitaria:
- La paz con nosotros mismos: rechazando la intransigencia, la ira, la impaciencia.
- La paz con el otro: el familiar, el amigo, el extranjero, el pobre, el que sufre… atreviéndose al encuentro y escuchando el mensaje que lleva consigo;
- La paz con la creación, redescubriendo la grandeza del don de Dios y la parte de responsabilidad que corresponde a cada uno de nosotros, como habitantes del mundo, ciudadanos y artífices del futuro.
A todos los invito a comprometernos con esta urgencia e invitación del Papa, como Iglesia de Morelia colaboremos en todo este 2109 a la construcción de la paz y «Seamos artesanos de paz» en nuestras comunidades de fe.
Encomiendo a María Inmaculada de la Salud, patrona de nuestra Arquidiócesis de Morelia, esta Jornada Mundial de la Paz 2019, y también todos los acontecimientos que como Iglesia Diocesana de Morelia llevaremos a cabo de acuerdo a nuestros compromisos del Plan Diocesano
de Pastoral.
En todo el año 2019: ¡Seamos artesanos de paz!
Con mi oración cariño y bendición, les deseo un año 2019 lleno de bendiciones.
En Cristo, Nuestra Paz
CARLOS GARFIAS MERLOS
Arzobispo de Morelia







