Morelia, Michoacán.- Los panteones en la capital michoacana reviven este día, pues tras la Noche de Muertos, miles de morelianos acuden a la última morada de sus seres queridos para visitar sus recuerdos y pasar un día de fiesta dentro de los camposantos.

La avenida de la Paz, cerca del monumento a Lázaro Cárdenas, lleva al centenario Panteón Municipal de Morelia, que desde 1885 ha servido como el último lugar donde los morelianos esperan la vida eterna y 2 de noviembre sirve para limpiar, remodelar y llenar de flores las tumbas de los seres queridos.

En un aroma a rosas, cempasuchitl, nube y violetas, la entrada del cementerio abarrotada de personas con flores avanzaba mientras otros buscaban a esos jóvenes chalanes que por unas monedas ayudan a limpiar la cripta querida.

Aproximadamente entre 500 a mil pesos entre flores, los arreglos y la limpiada debida a la lápida, es lo que invierte cada moreliano en revivir el anhelo en este lugar.

En el panteón, que está construido en 10 hectáreas de longitud y con aproximadamente 30 mil espacios, se llena de vida quitando el polvo acumulado desde hace un año, pues cada moreliano en el panteón quiere limpia la última casa de sus grandes amores.

Al mismo tiempo, unos más ya preparan la comida, el “pic-nic” en el panteón, donde los guisados ya se van calentando en el anafre, el asador o así al tiempo, acompañado con una bebida, cerveza o licor espirituoso, que le gustaba al ahora finado, pues muchos aprovechan a quedarse todo el día ahí, con música y plática, pues las tumbas han sido construidas como si fueran una pequeña casa: el hogar de quienes ya no están sonriendo.

Entre cantos, sollozos, risas, música de banda, mariachi y norteño, el panteón parece una ciudad dentro de otra ciudad, que revive cada año, donde se olvida la tristeza, donde se recuerda, se anhela, se sueña y se reconcilia esa relación entre los vivos y los muertos, donde se olvida el dolor.

Así la gente celebra, festeja y mantiene vivo el legado de quienes quizás, dependiendo de su creencia religiosa, los ven y vigilan desde arriba, pues bien dicen desde antes, no está muerto, sólo se olvidaron de él y con esta tradición nos burlamos de la muerte para revivir a quien todo el año le lloramos, para de menos en un día, sonreír su recuerdo.

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