Foto: ACG

Vino Andrés Manuel López Obrador el sábado a Morelia y muchos se quedaron atorados en el pasado, queriendo hurgar en la relación que ha sido con el gobernador Silvano Aureoles para encontrar ‘algo’ que decir.

Buscaban las diferencias entre el presidente electo y el gobernador de Michoacán. Encontraron pared. Hoy los dos tienen mandatos constitucionales y no tienen ninguna duda, ni rubor, para expresar que habrán de ponerse de acuerdo para cumplir con sus obligaciones. Sí, sus obligaciones.

Pero han de saber, morenistas y perredistas que parecen aún seguir en campaña -y con ellos algunos en los medios-, que López Obrador lo que menos quiere a estas alturas es mantener abiertos los pleitos y heridas sin cicatrizar.

No hace falta estar cerca de él para entenderlo. Basta con seguir sus actividades y leer el tono de sus dichos.

“¡Me tienen hasta el copete!’, les advirtió a los morenistas de Morelos que en un mitin en Cuernavaca abucheaban al gobernador Cuauhtémoc Blanco nomás porque no les dio las posiciones deseadas en el gobierno de esa entidad. “¡Ya chole con sus broncas!”, regañó y, de plano, les recriminó actitudes: “quien quiera puestos que se vaya al mercado”.

Si eso fue el miércoles en la cuidad de la eterna primavera, el sábado volvió a regañar a quienes desde el anonimato de la plaza pública gritaba contra el gobernador michoacano. “Para quienes andan gritando ‘fuera Silvano’, les digo” que trabajará de manera conjunta y coordinada. Y soltó la lista de compromisos y proyectos en la entidad. Sí, junto con Silvano Aureoles.

Las y los cilendreros de la consigna alzaron la ceja y se encogieron de hombros. No hay pleito a la vista… aunque sobran los provocadores.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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