Expondremos un solo ejemplo, solo uno, de la miseria que representa la CNTE para la educación en Michoacán.

Las cifras.

Cada 15 días el Gobierno del Estado gasta alrededor de 20 pesos por cada uno de los cheques que se imprimen para pagar a los maestros. Multiplicando esa cifra por cada uno de los 65 mil 639 profesores y profesoras que reciben su pago vía cheque, tenemos que cada quincena se gasta un millón 300 mil pesos.

Hay que sumar a los repartidores. Son más de mil, que por entregar los cheques cobran 15 mil pesos al mes. Eso se suma a los 20 pesos que cada cheque le cuesta al gobierno, y a los maestros 100 pesos para entregárselos.

En resumen: en total, el gobierno del estado gasta alrededor de 17 millones de pesos al mes con el mero fin de financiar la corrupción de los de la CNTE.

Sucede que el pago vía cheques funciona, en la práctica, como mecanismo de control. Esa es la única manera en que se puede entender la tozudez, intransigencia o lisa y llana estupidez de quienes prefieren recibir un papel antes que acudir al cajero más cercano, con todas las ventajas que representa el sistema de tarjeta. Los líderes, finalmente, controlan a quienes distribuyen los cheques y condicionan el pago como medio para presionar al Gobierno a cumplir con sus demandas. De paso también cobran a sus propios representados.

Como referencia: en octubre de 2015 los alumnos de la preparatoria Eduardo Ruiz, de Uruapan, iniciaron una campaña de donaciones. Necesitaban medio millón de pesos para construir una red de drenaje de la escuela preparatoria Eduardo Ruiz. Con lo que se gasta en los parásitos de la CNTE se podrían construir por lo menos 34 redes de drenaje como las de la escuela Eduardo Ruiz.

¿Aún quedará algún candoroso que insista que sus líderes luchan por la educación? Error. La CNTE es el origen de los males que aquejan la infraestructura de la educación en Michoacán; es una buena noticia que ni Silvano no el gobierno federal den un solo paso atrás. Esta no es la hora de la debilidad; esta es la hora de ir más allá, hasta desaparecerlos por completo como institución.

Y cuando eso suceda será la hora de la celebración.

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