El resultado de los acercamientos entre el gobierno federal y los dirigentes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) es el que ya habíamos adelantado en este espacio la semana pasada: ninguno.

Cuando obligado por las circunstancias, la tragedia de los muertos de Nochixtlán y sus propias torpezas, el gobierno decidió abrir el cauce de la negociación política con los centistas, preguntábamos aquí qué estaban dispuestos a poner y a ceder sobre la mesa de los eventuales acuerdos.

Y hoy, a menos de una semana de la convocatoria al diálogo y cuando se han cumplido dos largas sesiones de “pláticas” volvemos al punto en el que se inició el conflicto: la CNTE exige la derogación de la reforma educativa, los bloqueos carreteros en los estados de Oaxaca y Chiapas se mantienen y ahora, además, la coordinadora demanda el reconocimiento por parte del gobierno federal de que en Nochixtlán hubo un “crimen de lesa humanidad”.

El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, encargado de conducir las mesas de diálogo con la CNTE, trató de poner límites al encuentro: es un diálogo político en el que no está a discusión la reforma educativa. Se equivocó, lo dijimos, y quedó ratificado ayer: los dirigentes magisteriales, que celebraron y corearon como una victoria el llamado a la negociación, no iban a dejar pasar su oportunidad. Llegaron con la bandera en alto y la espada desenvainada. El “gobierno represor” era el obligado a ceder.

Pero la desventura no paraba ahí. Es un hecho –todos los días surgen evidencias que así lo acreditan– que la lucha de la CNTE, ya no es sólo de los maestros, si es que alguna vez lo fue, y ahora estamos hablando de la intromisión de grupos radicales, cuyo objetivo es la confrontación directa con las fuerzas del Estado –por lo menos en Oaxaca, Chiapas y Guerrero– y de fuerzas partidistas, como Morena, que con influencia en un sector de la CNTE, han hecho de la demanda de la abrogación de la reforma educativa una de sus banderas para los comicios presidenciales del 2018.

El diálogo, pues, la negociación es una condición que estorba. La posibilidad de un acuerdo negociado no entra en este esquema.

Por eso la reacción, oportuna, del gobierno, que en voz del propio presidente Enrique Peña Nieto advirtió: la reforma educativa no se negocia. Y más, desde Canadá: “no vamos a caer en las provocaciones” de la CNTE. Se entiende que tampoco de Morena ni de los grupos radicales que azuzan la violencia.

Se entendería que tampoco cederán a los chantajes. Y ahora la pregunta es: ¿de quién es la cerrazón del todo o nada? ¿La intolerancia?

Lo leyó usted en primeraplananoticias.mx

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