Maliciosa confusión
Tal vez tengan razón quienes señalan y acusan que la balacera del domingo pasado en Nochixtlán, Oaxaca, en la que murieron nueve personas, fue por culpa exclusiva de los policías federales y estatales que participaron en el fallido desalojo del bloqueo de la CNTE. Y por supuesto tienen toda la razón de exigir el alto a la violencia y el castigo a los culpables.
Alegan tener la razón también quienes consideran que los bloqueos de la CNTE, la quema de vehículos particulares y el estrangulamiento de las vías carreteras son en legítima manifestación, lucha y defensa de sus intereses gremiales, sus plazas laborales y hasta de sus posiciones políticas y económicas, seriamente afectadas, dicen, con la aprobación de la reforma educativa.
Quizás tienen toda la razón los que desde diversas posiciones y trincheras políticas, piden las renuncias del secretario de Educación, Aurelio Nuño Mayer, y del subsecretario Otto Granados Roldán. Se afirma que su cerrazón y rechazo al diálogo, provocó la radicalización del movimiento magisterial.
A Nuño Mayer, sobre todo, se le acusa soberbia y endurecimiento sin cálculo. De él y sólo de él fue la cerrazón. Torpeza política supina, se le achaca. Muchos ya lo acabaron. Y tal vez tengan razón…
Pero de entre todas esas razones y “verdades absolutas” que se lanzan, hay una que no pueden atribuirse: la de conceder a la CNTE, prácticamente, el monopolio de la defensa de la educación pública; se equivocan cuando maliciosamente confunden el interés de un maestro por mantener su plaza, con el interés que movió a los dirigentes de la coordinadora en estados como Oaxaca, Michoacán, Guerrero y Chiapas.
¿Qué principios de educación pública ha defendido la dirigencia de la CNTE? ¿Cuál es su concepto de educación popular?
En los hechos, la dirigencia de la CNTE poco, muy poco se interesó por las condiciones laborales de sus agremiados, porque más allá de las plazas -que además manejan como botín político y de control sindical-, no se sabe que se hayan preocupado por mejoramiento en la infraestructura; mejores condiciones laborales y equipamiento de aulas, y ya no se diga por la adecuación de los planes de estudio.
No hablamos tampoco de educación de calidad, ni de acciones firmes, concretas para frenar la deserción. En México son quimeras que se pierden en la lucha política y en la “legítima defensa” de los intereses gremiales de los maestros, más si son de la CNTE.
Muy triste el panorama para el país. Se augura que en la negociación que inició en Gobernación el tema de una mejor educación pasará de largo. Es más, ya ni es tema.
Sólo para los que maliciosamente quieren seguir confundiendo y engañando. De uno y de otro lado.
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