FOTO: Animal Político

La muerte de 10 personas en Oaxaca tras el último conflicto entre maestros de la Coordinadora Nacional y policías federales es una nueva mancha para México. Entre los muertos, al parecer, hay dos maestros; independiente de lo que cada uno piense acerca de la lucha que lidera la CNTE contra la Reforma Educativa –y aquí, en este espacio, varias veces hemos declarado el rechazo a esos métodos de lucha– nadie en su sano juicio podría alegrarse de los muertos. Hoy es un día de luto para México, y no hay más.

Sin embargo, una vez expresado el lamento por las circunstancias que se viven hoy en Oaxaca es deber de los medios analizar las consecuencias –políticas, económicas sociales– que rodean al caso. Hay que entender que la muerte de personas se enmarca en un esquema de rechazo estructural a las iniciativas de la Federación; en otras palabras, es consecuencia de un asunto político. Y como tal debe tratarse.

Los ocurrido en Oaxaca es grave para las intenciones de la Federación, porque podría reordenar de manera irreversible la baraja que se jugaba entre la Reforma Educativa y el rechazo de la CNTE. Ya se dijo que hubo infiltrados y que aún se investigan los detalles, pero para la ciudadanía se trató de seis muertos tras un conflicto entre la CNTE y el gobierno, y no hay más. No es descabellado pensar que el plan reformista original de Nuño, hasta ahora triunfante y casi incuestionable, podría empezar a caer desde Oaxaca.

Los dos muertos de la CNTE legitiman, a ojos de muchos, la lucha contra la reforma. Las consignas que acostumbran los marchantes esta vez sonarán más fuerte y la visión de un estado opresor, que creó una reforma estrictamente para perjudicar al pueblo, cobra sentido para muchos.

Los dos muertos también sirven para reencantar a muchos maestros que poco a poco asumían posturas más moderadas. En Michoacán, en Oaxaca, en Guerrero, muchos educadores se habían retirado con disimulo de la primera línea ideológica porque veían que, después de todo, el plan de la Federación no sonaba tan descabellado. Pero ahora, bajo las nuevas circunstancias, podría hacer un retroceso grande en todo lo avanzado en ese sentido.

Por otra parte, lo de Oaxaca supone un golpe mediático de proporciones a la Presidencia de la República. En un México plagado de denuncias de abuso policial, las muertes de la CNTE tocan una fibra sensible y la Federación deberá hacer gala de toda su habilidad política para salir del paso de manera más o menos digna, asunto difícil si recordamos el lamentable manejo de Murillo Karam, de Osorio Chong y del propio Peña Nieto en el caso de los 43.

Queda también expuesta otra arista.

A la luz de los hechos queda claro que la CNTE no es un sindicato que luche por la educación. Se trata, en el mejor de los casos, de un grupo insurgente que usa sistemáticamente la violencia para desestabilizar al país, para bien o para mal (el costo lo pagan justamente, los niños mexicanos). Y tener dos nuevos mártires en una izquierda que por método se alimenta de mártires para enarbolar banderas podría inclinar la balanza a su favor.

En suma: hoy la Federación queda un poco más desprestigiada que antes, los centistas tienen un motivo para refrescar la lucha y la sociedad civil permanece a la expectativa.

Las relaciones de poder entre la Federación y la CNTE están hoy en estado crítico y el pronóstico es abierto. Habrá que esperar para saber cómo acaba esta historia.

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