TODO A LA MEDIDA, DE LOS MISMOS
Ayer, después de las tomas de los profesores que protestaron en contra de la reforma educativa y su aplicación tomando y cerrando los centros comerciales más emblemáticos de Morelia, además del paso del ferrocarril y algunos puntos carreteros al interior del estado, leí el siguiente comentario:
“Profe, haz barrio, compra tortas.
Las súper tortas Homero, los tacos de birria de enfrente y hasta Soriana están sonriendo por la visita magisterial al Palacio del Arte. Pero no nos encanija la evasión y robo millonario de la clase política que ni para las pepitas dejan.”
Lo que nos recuerda que las leyes en México, desde su redacción, aplicación, interpretación y uso cotidiano, están hechas a la medida de nuestra impunidad, mediocridad y complicidad.
Uno de los graves problemas es que tenemos tendencia a la contradicción. Por una parte, le exigimos a papá gobierno, en todos sus niveles, que nos resuelva la vida. Extendemos la mano pidiendo subsidios, descuentos, rebajas, mejores condiciones de todo. Asumimos que el tlatoani-virrey-obispo-caudillo-gobernador-presidente es, como decía Octavio Paz, un “ogro filantrópico” obligado a aterrarnos pero a subvencionarnos.
Y por el otro lado, cualquier cosa que diga el gobierno está mal. Ni la entendemos ni nos informamos ni nos interesa de fondo. Solo porque viene de un funcionario ya lo descartamos y eso provoca manifestaciones, paros, señalamientos, críticas pero sobre todo, mucha desinformación.
Y si encima le echamos la leña al fuego de la prensa, peor. Desgraciadamente, existe una tendencia en el medio
Claro, la mula no era arisca, lo hicieron a palos. Los funcionarios, especialmente lo de primer nivel, independientemente de su color partidista –es imposible hablar ya de ideologías o de principios y menos de estatutos– se han caracterizado por mentir como sistema y hacer de la profesión del político lo más deleznable.
Basta pensar en el Senado de la República, quienes votaron por la forma edulcorada de la ley 3×3 que obliga a todos los funcionarios a hacer pública su declaración patrimonial, fiscal y de interese. Con el candado que le impusieron los 56 senadores del PRI, los del 6 del Verde y un independiente, jueces, funcionarios, dirigentes sindicales, legisladores, ministros y otro tipo de servidores públicos no tendrán la obligación de hacer públicas sus declaraciones patrimoniales.
Con ello, corruptos como Carlos Romero Deschamps, el líder del sindicato petrolero, seguirán amasando fortunas, a pesar de ser señalados por sus inmensos fraudes y manejos millonarios de desvíos de fondos que lo dejan impune.
Y todavía Emilio Gamboa, senador del tricolor, twitteó que, con esta nueva ley, hecha a la medida de ellos y no de la sociedad, “El Sistema Nacional #Anticorrupción será presidida por ciudadanos. ¡Empoderemos a la sociedad!”. Su cinismo es más que insultante para México.
En el mismo sentido, la también senadora priísta Hilda Flores, también en su cuenta de Twitter, señaló que el éxito de esta versión con candados que les favorecen a ellos y nada más que a ellos, “Con el Sistema Nacional #Anticorrupción empoderamos a la ciudadanía ¡Nos sumamos todos contra la corrupción!”.
La pregunta a ellos y a toda la bancada del PRI y de sus rémoras del Verde es obligada: ¿En serio se creen su discurso? ¿No son capaces de vislumbrar la contradicción? Evidentemente no. El sistema neoliberal desde el cuál se han desarrollado y comido los hace ciegos a las verdaderas necesidades del pueblo.
Las leyes las construyen pensando solo en su beneficio.
No importa que sea el sector educativo o el fiscal o el de trasparencia o el energético o el comercio interno o el manejo de las finanzas o cualquier otro rubro del actuar político nacional: Ellos, los funcionarios se ensanchan en sí mismos a costa del pueblo; el pueblo está dividido entre los que protestan por todo, como los del CNTE o la Sección 18 y 22 o los normalistas y los que sufren la cotidianeidad de la improductividad nacional. El crimen organizado y el narcotráfico extienden sus redes por todos los niveles y el gobierno solo le interesa aplaudirse, premiar a los ineptos, celebrar la imbecilidad nacional y llegar a un curul o a Los Pinos.
Eso sí, los verdaderos líderes sociales, los que levantan la voz en contra del sistema o se enfrentan a él, acaban en la cárcel, como el doctor Mireles o muertos, como muchos compañeros periodistas o luchadores sociales. Ellos, los verdaderos héroes, son víctimas que ni siquiera mártires. El sistema los aplastó como cucarachas. A los débiles, es más fácil comprarlos.
Total, si Enrique Peña Nieto y su séquito llegaron a ser gobierno federal, ¿por qué no cualquier otro puede serlo? No hace falta, ni siquiera, saber rebuznar. Solo tener las leyes a su favor… o manipularlas para que se ajusten a su realidad. Lo demás, ni lo ven ni lo escuchan y sí lo ignoran.
Pero esto es solo mi opinión…







