Ni con el salvavidas político que le lanzó Andrés Manuel Lopez Obrador, se ve cómo la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) pueda recuperar imagen y reposicionar su desacreditada estructura de dirección y militancia. Metido como está el político tabasqueño en su tercera campaña por la presidencia de la República, las preguntas que en todo caso deben plantearse son: ¿cuántos votos cree que lo podrá acarrear su acercamiento con los centistas? ¿Cuántos le puede restar?
Las preguntas ya se han formulado aquí y en otros espacios. Aquí, en estos días y cuando en pleno proceso electoral por la gubernatura de Oaxaca, el ex jefe de Gobierno de la Ciudad de México firmó un convenio con maestros de la coordinadora y prometió abrogar la reforma educativa en donde Morena, su partido, ganara.
Pero resulta pertinente retomarlas, en tanto que, todo hace indicar, el movimiento magisterial se convertirá en pieza del ajedrez electoral que ya se mueve, a dos años de los comicios presidenciales.
La reforma electoral se convierte así en una especie de mesa para las vencidas, por lo pronto y muy visible, entre López Obrador y el secretario se Educación, Aurelio Nuno Mayer.
Porque las mismas preguntas que valen para López Obrador, valen para el presidente Enrique Peña Nieto y para el titular de la SEP, en la baraja oficial rumbo a la sucesión del 2018. ¿Qué ganan Peña y Nuño si logran el sometimiento de la CNTE? ¿Cuántos votos les da?
Así las cosas, el tema de la movilización magisterial asoma su verdadero rostro y en análisis que de el se haga, deberá partir ahora de las consideraciones y cálculos políticos en la ‘guerra’ por la sucesión presidencial.
Asi lo decidieron Lopez Obrador, Peña y Nuño.
Y que nadie se desgarre las vestiduras. Mucho menos los que quieren seguir viendo a la CNTE como una opción para una mejor educación en el país.
Lo que la historia no da, el salvavidas político de AMLO no regala.
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