Muchos analistas y no pocos políticos le quieren poner ya veladoras al PRD; algunos hasta listo tienen su epitafio. Pero contra viento y marea, y a pesar de los propios perredistas y ex perredistas que hoy lo denuestan, el Partido de la Revolución Democrática vive. Y aunque la cirugía que requiere es mayor, la preparación para entrar a la contienda en 2018 y después la campaña misma puede ser el escenario ideal para la recuperación del enfermo; el tanque de oxígeno que está esperando.
De entre todas esas voces que se escuchan y se leen, conceden al desahuciado dos únicas alternativas para sobrevivir a la batalla que se dará dentro de dos años: una alianza con el PAN -como segundos- o regresar al cobijo de Andrés Manuel Lopez Obrador, también como segundos, atrás de Morena.
Pocos, muy pocos dan opción al perredismo de competir con un candidato presidencial y plataforma electoral propios; algunos, incluso, dicen que sería la peor decisión. Pero…
Pero unas semanas antes de los comicios del pasado domingo, desde Michoacán y en plena celebración del aniversario del partido (domingo 8 de mayo de 2016), Silvano Aureoles levantó la voz para advertir que el PRD y los perredistas no pueden darse ya por derrotados ni asumir que están condenados a los vagones de atrás, los de segunda.
“No hay que ir de rodillas”, exigió el gobernador michoacano, para pedir ser aceptados por otras opciones o fuerzas políticas. El PRD, aseveró, debe recuperarse e ir con candidato propio a la presidencial del 2018.
Se desconoce si el Ejecutivo estatal sigue pensando lo mismo después de los resultados del pasado domingo y tampoco se sabe -porque no lo ha dicho- si es real su intención de ir por esa candidatura presidencial, como se interpretó en aquel mensaje de principios de mayo.
Pero mientras se desvelan los propósitos y objetivos políticos de Silvano, lo cierto es que en aquel mensaje quedó plasmada la alternativa que por supuesto tiene el PRD, por muy lejana que parezca.
¿Para qué alcanzaría esa alternativa? Las elucubraciones sobre ello resultarían por ahora ociosas en tanto ni siquiera el gobernador ha dicho que la buscará.
Pero de lo que sí se puede hablar es de la posibilidad de construir esa alternativa, que tendría que empezar a delinearse con el relevo inmediato de la dirigencia nacional. No puede seguir Agustin Basave ni su medroso discurso; tampoco pueden volver los ya vistos y que no funcionaron.
Tendría que aparecer de entre los cuadros perredistas alguien convencido de que lo que hoy parece el precipicio, puede ser la oportunidad para la reconstrucción. Y con ese perfil y convencimiento, jugársela y ser audaz en la elaboración de un discurso que contraste, que confronte y que sea directo.
¿Hay dentro del perredismo alguien con ese perfil y capacidad de construir un liderazgo partidista? ¡A saber!
Tal vez toque a Silvano -si es que sigue convencido de la arenga que lanzó en aquellos días de mayo- dar el primer paso. Entonces, sólo entonces, se moverán las aguas. Seguro habrá sacudimiento.
Al fin y al cabo tiempo ya no queda mucho para tomar una decisión.
Lo leyó usted en primeraplananoticias.mx







