El Partido Acción Nacional (PAN) se proyecta como la fuerza política a vencer en los comicios presidenciales del 2018. ¡Y ojo! Si los panistas mantienen la unidad -esa que a veces parece que se les va de las manos- y alcanzan el escenario que siempre han soñado de derrotar al PRI en el Estado de México el próximo año, será la antesala de algo que para entonces parecerá inevitable: su regreso a Los Pinos.

Ayer lo decíamos en este espacio: ante la ausencia de otras opciones organizadas y estructuradas, es el partido blanquiazul el que mejor capitaliza el voto anti-PRI, sobre todo en los sectores medios de las zonas urbanas del país. Quedó demostrado en la jornada electoral del pasado domingo.

Además, y por las buenas o por las malas, pero el caso es que el panismo hoy cuenta con dos precandidatos presidenciales muy bien posicionados en el conocimiento y percepción ciudadana: Margarita Zavala y su dirigente nacional Ricardo Anaya.

Es decir, los panistas han hecho su tarea, tanto a nivel partidista, pero sobre todo frente al potencial universo de votantes que ya desde hace varios meses y desde todos los frentes es bombardeado por mensajes y más mensajes de la muy anticipada -algo que ya se hizo costumbre- contienda presidencial. Entendieron la coyuntura y pronto presentaron a luz pública sus cartas presidenciables.

No les quedaba de otra frente al activismo de Andrés Manuel López Obrador; el priismo con la ventaja de ser gobierno, y la irrupción en los comicios intermedios del año pasado de los candidatos “independientes”.

El tiempo les dio la razón y doce meses después ya tienen resultados positivos: López Obrador no aparece ya como el puntero tan temido por todos; la ventaja del priismo se volvió una desventaja por culpa de sus propios errores y abusos, y los independientes todo hace indicar que se quedaron en una moda pasajera.

Ahora el reto de los panistas, lo decíamos líneas arriba, es mantenerse en unidad y que su incuestionable triunfo en las urnas este domingo no se convierta en triunfalismo, competición de egos y desplantes y lucha encarnizada por el poder y las posiciones.

Está claro que tanto Zavala como Anaya acelerarán sus precampañas. Y solo de ellos dependerá el rumbo que tome la contienda interna por la nominación. Anaya sube puntos y se fortalece en la conducción del partido; se presenta como el dirigente más exitoso en la historia del panismo y hoy pocos se atreverán a cuestionarlo en sus métodos y sus formas. Será interesante ver cómo convive con la mancuerna Zavala-Felipe Calderón.

Y que nadie se engañe: no hay punto de comparación con las experiencias vividas en el panismo en el 2000 y en el 2006. En aquellos procesos, ni Vicente Fox ni el mencionado Calderón tuvieron en los hechos contrincantes: el guanajuatense tomó por asalto al partido y el michoacano tuvo un día de campo frente a la tibieza, por decir lo menos, de Santiago Creel.

Acá, puede ser inevitable el choque.

Mañana: El PRD vive

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