De alternancias, democracias y otras elecciones
En una democracia, en una verdadera democracia, el voto sirve para ratificar tanto a un partido en el poder como a su proyecto de estado. Cuando hay elecciones y el ciudadano ejerce su sufragio en contra de quien lo gobierna, favoreciendo a otro organismo político, implica una esperanza de nuevo futuro.
Pero eso sólo sirve en democracias auténticas, como algunas europeas, asiáticas y sudamericanas. Donde el nivel de conciencia ciudadana y de responsabilidad de los funcionarios es equivalente al nivel de credibilidad entre ellos así como de sus resultados fácticos.
El problema de la falsa democracia en México es que pasamos de una dictadura de partido, la del PRI, a lo largo de todo el siglo XX pos revolucionario a la dictadura de partidos, con más alternancia de colores y banderas en lo que va del siglo XXI.
Nada ha cambiado para nosotros. Llega un momento en que da lo mismo quién gobierne, pues el presente es turbio y descolorido. Panistas empanizados del viejo PRI, perredistas con aires azules, independientes que abrazan el logotipo tricolor. No hay identidad, no hay ideología, no hay proyecto de Estado ni de nación.
Lo que los políticos quieren es no quedarse sin chamba, seguir cobrando del erario público y seguir haciendo honor a la frase de Fidel Velázquez, el otrora líder vitalicio de la CTM, quien dijo “Quien se mueve no sale en la foto” o de la frase del profe Carlos Hank González: “Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”. Retórica priísta en su más puro estilo demagógico.
Las elecciones de ayer, 5 de junio, son la ventana de lo que puede pasar en el 2018. La carrera presidencial arrancó ayer y el gran perdedor fue el PRI de Enrique Peña Nieto y de Manlio Fabio Beltrones. Otro gran perdedor, ya cantado desde las elecciones de 2015, fue el PRD de las tribus divididas y sin liderazgo auténtico y con cada vez menos presencia nacional.
En estas elecciones, si logró algo el partido del Sol Azteca, y todo fue una estrategia para no correr el riesgo de perder el registro o de por lo menos de sentirse amagado, fue su alianza anti natura con el PAN, el gran triunfador de estas elecciones.
Lo malo no es que haya perdido uno o ganado otro, sino que no vamos a ver un verdadero cambio en las estructuras del país.
Después de seis años miserables y execrables en el Veracruz del priísta Javier Duarte, por ejemplo, da lo mismo que el panista Miguel Ángel Yunes haya ganado las elecciones estatales. ¿Va a resolver la situación de criminalidad que ha azotado al estado? ¿Se van a resolver los casos de los 18 periodistas asesinados durante un sexenio? ¿Se van a enjuiciar y encarcelar a los culpables?
Las mismas preguntas se las podríamos hacer a cada uno de los nuevos gobernadores del PAN. ¿Qué va a pasar con el narcotráfico? ¿Con los gobiernos corruptos? ¿Con los burócratas insustanciales? ¿Con la legalidad..? Nada. El mismo infierno de diferentes colores.
La respuesta es siempre negativa. No se va a aplicar la ley como se debe. Se darán discursos triunfalistas y protagónicos; los nuevos funcionarios se darán golpes de pecho por su higiene y moralidad, pero en el fondo todos están cortados por la misma tijera. Son palabras y más palabras, pero en acciones todo va a seguir más o menos igual. A lo mejor más discreto. Espero equivocarme pero temo que no. El tiempo dará la última respuesta.
El problema en el México de las elecciones es que no tenemos memoria ni capacidad de presión ni menos de organización social real. El ogro filantrópico sigue siendo el dador de todo, sin importar su color o bandera.
Seguimos votando por quienes han demostrado no tener un auténtico proyecto nacional pero con una retórica de las promesas desbordante.
Nos hemos anclado en la desesperanza de que el siguiente gobierno no pude ser peor que el anterior y nos sorprende cuando sí lo es pero no salimos de nuestro estupor. No nos movemos. Como sociedad, estamos en un barco que hace aguas por todos lados y ya se sabe: el ahogado le va a todas, por desesperación.
Pero esto es sólo mi opinión…
Y cambiando radicalmente de tema, aprovecho este espacio para hacer un memorial para el mejor boxeador de la historia, fallecido este viernes 3 de junio de 2016. Mohammed Alí, antes Cassius Clay, terminó su última pelea contra el Alzheimer y el deterioro físico. Fue el mejor, fue el más grande, fue el más guapo, fue el más hocicón… pero siempre fue el mejor round de la historia del pugilismo de peso completo del mundo. Que Alá lo tenga en la Yanna eterna.
Soy Alejandro Báez y para poder leer esta y otras ideas, me pueden seguir a través de mis redes sociales. Estoy en Facebook como Alekus Macondo; en twitter como @alejandrobaez68 o en mi blog, www.alejandrobaez.wordpress.com.
Hasta la semana entrante.







